lunes, 2 de diciembre de 2013

De vuelta a casa... por poco tiempo

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Ya se ha acabado el proyecto en el norte. La pasada fue la última semana y ahora toca trabajar desee casa y demostrar que llevábamos razón y en el siglo XXI existen el correo electrónico y las teleconferencias. De aquí a Navidad parece posible.
Esta mañana al llegar a la oficina de Múnich me ha preguntado un compañero que esta vez por cuántas horas tenían y me he reído. Una media hora después estaba buscando vuelos para venirme a Colonia y estar mañana en una feria de empleo reclutando nuevos recién licenciados. Espero que al menos merezca la pena.
El arte de los jefes para comente de algo es maravilloso. "Eres la persona perfecta, ¿quién si no?". Otros han dicho algo mejor, una cerveza con los antiguos amigos y ver una ciudad bonita nunca está de más.
Así que después de que le caiga a otro compañero la reunión del miércoles no me puedo quejar, podía haber tenido que hacer la ruta de las ciudades estudiantiles alemanas durante toda la semana.
Ahora a disfrutar un poco de que los zuegros nos estén dejando la casa nueva esta semana y a aguantar el tirón hasta Navidad.

sábado, 16 de noviembre de 2013

De Chiang Mai a Krabi, pasando por Phuket

Hoy es de esos días en los que todo se tuerce, aunque si lo miras bien en el fondo te ha sonreído la suerte y a pesar de que yodo haya ido mal, al final ha salido bien.
Empezamos la mañana en Chiang Mai, al norte de Tailandia, donde hemos visto tigres como si fueran gatos y hemos montado en elefante, nos hemos sacado el curso de masaje con aceite aromático y hemos tirado el primer farolillo.
Allí hemos cogido un tuk-tuk al aeropuerto, después de que intentar coger un taxi con taxímetro a las 7 de la mañana fuera misión imposible.
El vuelo hacía escala en Bangkok tres horas, y luego a Phuket, porque el directo salía casi el doble y total...
En Phuket resulta que has llegado a la Costa del Sol y eres alemán, y no lo sabías. Lo que en el norte un taxi cuesta 150Baht (4€) aquí empieza por 500Baht (siguen siendo 12€) porque el aeropuerto está a sus buenos 30km de la ciudad y el puerto.
El alojamiento lo habíamos cogido en Krabi que dicen que es más tranquilo y está mejor. Que está a 3 horas en bus y el último barco, directo o indirecto, era a las 14:30 no nos lo había dicho nadie. O no lo habíamos leído, claro.
Así que nada, que si un taxi (2500B) es más de lo que nos había costado el avión (1800B), porque tarda tres horas, que los coches de alquiler son mínimo para tres días.... Al final hemos seguido las indicaciones de los carriles y de un señor al autobús y nos hemos conseguido montar en uno que iba a Patong Beach pero que nos han dicho que iba para Phuket.
Ilusos de nosotros, el autobús de turistas (80B) nos ha dejado en un centro comercial y allí hemos tenido que cambiar a uno de los rosas (10 baht) que van abiertos por detrás. El conductor no hablaba inglés pero el chico de los billetes sí y nos ha prometido que nos dejaba en la estación de autobuses.
Con la orientación del Marommo y la ayuda del chico hemos llegado a la estación de autobuses. Pero no a la de donde salen los de Krabi. Así que otro bus rosa hasta la terminal 2, canino hacia atrás, y corriendo a pillar los dos últimos asientos, que no billetes, para el bus de tres horas a Krabi (160B). Todo un lujo, con aire acondicionado y aseo, y con una lluvia del carajo. Nos han dejado hasta subir con los noodles que nos habíamos hecho en el kiosko de la estación.
La mayoría de paradas eran en mitad de la nada, pero al final en la nuestra no sólo era en ciudad, sino que había un conductor de tuk-tuk esperando para negociar llevamos al hostal (75B).
Aún no me creo que estemos aquí, pero ya nos han organizado la excursión para mañana a las 4 islas.
Nos hemos quedado sin ver el festival de las luces esta noche, y una cosa queda clara, para todo en esta vida hay solución con dinero, y la gente en Tailandia ayuda mucho más de lo que se espera.
A lo que no me acostumbro todavía es a la sensación de ser la guiri que no sabe si la están engañando.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Preparando las vacaciones

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Más bien debería llamarse NO preparando las vacaciones, porque la verdad es que creo que es la vez que más perra me he visto para preparar un viaje.
Es cierto que somos muy dejados, sí, el Marommo también, y casi siempre nos compramos los vuelos a última hora (por dios... Navidad! ¡los vuelos! ¡arghhh!) o dejamos el alojamiento o las entradas un poco hasta el final.
Pero en este caso nos llevamos la palma. El viaje estaba planeado para septiembre. Bueno, no a Tailandia, más bien a donde fuera. Primero que si Japón, luego Vietnam, al final que no, que templos pero playa, y así fue como surgió. Luego resulta que mi proyecto en el norte terminaba justo justo justo (su puta madre) en septiembre y no me las podía coger. Luego al parecer sigo aquí, dicen, y aunque iba a terminar otra vez a final de noviembre y venía fatal que me las cogiera, se va a volver a retrasar y ya se está hablando de enero de 2014. Claro que para entonces ya sí que no estaré aquí, por mi bien y por el suyo.
Así que aquí estamos, habiendo comprado los vuelos con apenas tres semanas de antelación, sin hoteles preparados, poniéndonos las vacunas a todo correr (algunas ni eso, claro), buscando la guía adecuada y comprando emergency ponchos y pastillas así como de refilón.
La semana pasada me compré la primera mochila de mochilera de mi vida. Supongo que lo de no llevar peso ha hecho mucho durante todos estos años, porque la primera que me puse cargada con peso de ese de la tienda casi me tira para atrás. Al final cogí una más pequeñica y que no se me apoyara todo en el culo, así que tendré que sobrevivir con pocas bragas y ropa. Dicen que allí hace calor, aunque desde aquí resulta inimaginable, y supongo que por oler regular un par de semanas no pasa nada, así que sobreviviré. 
Luego seguro que la gente va con su maleta de ruedas y tan campantes, y que por llevar mochila nos roban todo al facturar el equipaje, pero así tendré más anécdotas que contar a la vuelta, no?
Ahora queda pasar esta última semana, conseguir un pasaporte o sustituto en fecha que me permita ir y volver, y desconectar. 
Por mi vida, necesito desconectar. No cerrar los ojos y pensar "aquel test de ayer...". Que sí, que los trenes molan mucho y no sé cómo puede vivir nadie sin jugar con ellos, pero creo que mi salud mental está al borde del colapso.
Y a todo esto, yo me tenía que estudiar unas normas y aquí estoy, mirando botas por internet y sin preparar el viaje ;)

jueves, 19 de septiembre de 2013

Descontextualizando un libro

Foto: Pixishot
La verdad que me resulta curioso lo actual que puede ser a veces un libro incluso aunque haga ya 70 años de su publicación (en 1943).
Otras veces no, otras veces te encuentras pasajes que dices "¡pero qué coño...!" y te encuentras sorprendido en parte de la idea de la mujer de aquella época, o de la idea de los ingleses sobre lo que era ser una familia bien o el resto del mundo.
Por suerte el otro día cuando me dio la fiebre por releerme un libro de Agatha Christie, bueno, releer no, porque en este caso acerté y no me lo había leído, pero eso muchas veces es suerte, pues me puse a hacer notas con el Kindle y como no se han podido publicar voy a hacer un post a lo desgraciaito y os las voy a compartir porque merece la pena leerlas.
Las voy a titular:

  • Agatha Christie - Las mujeres tienen el sistema nervioso delicado
"He observado que en las novelas los anónimos groseros y repugnantes jamás se enseñan a las mujeres, de ser posible, para escudarlas a toda costa contra la sacudida que pudiera experimentar su delicado sistema nervioso, tan sólo con la lectura. 
Siento decir que jamás se me ocurrió no enseñarle la carta a Joanna. Se la entregué sin vacilar. Justificó mi fe en su fortaleza no demostrando otra emoción que regocijo." 
Aquí me imagino a las mujeres de la época temblando con el anónimo, sudando, con sus guantecitos blancos. Y en este caso la hermana del protagonista, que es una fresca, lo coge y se ríe.

  • Agatha Christie - ¿Quién no quiere un monito o un pavo real?
—¡Caramba! —dijo—. Qué cansada estoy, y creo haber puesto de relieve mi crasa ignorancia con respecto a las épocas de cultivo. ¿No hay habas en esta época del año? ¿Lo sabes tú? 
—En la primavera —dijo Megan. 
—Bueno, en Londres hay todo el año —dijo Joanna para defenderse. 
—En lata, tontuela —le dije—. Y las traen los barcos de todos los rincones del Imperio. 
—¿Cómo el marfil, los monos y los pavos reales? —preguntó mi hermana. 
—Exacto. 
—Preferiría tener pavos reales —replicó Joanna pensativa. 
—Y yo quisiera tener un monito —dijo Megan.
Desde luego nunca se me hubiera ocurrido que después de hablar de habas iban a acabar hablando de pavos reales. Quitando la falta del "Cómo", es impresionante. Supongo que en esa época se llevaban marfiles a Londres, pero sigo sin imaginármelo.

  • Agatha Christie - Las mujeres son el diablo
"Por un momento sentí escrúpulos de conciencia. Joanna era demasiado coqueta y Griffith demasiado bueno para que jugara con él. Las mujeres son el mismísimo diablo. 
Luego me fijé en Griffith... en su barbilla estrecha y enérgica y en la dura línea de sus labios, y no estuve tan seguro de que Joanna se saliera con la suya. Y de todas formas un hombre tiene derecho a dejarse engañar por una mujer... y si lo hace es por su propia voluntad."
Desde luego, sin palabras. Las mujeres son el mal, pero hay hombres tontos que se lo buscan.

  • Agatha Christie - El té es un refrigerio femenino
—Ha sido usted muy amable al aceptar un refrigerio tan femenino como lo es el té, señor Burton.
Supongo que Emily Barton consideraba a los hombres como consumidores incansables de whisky y cigarrillos, y que en los intervalos seducían a las doncellas de los pueblos o corrían aventuras con mujeres casadas. 
En fin, esto lo debería leer el Marommo y dejarse de tanto té de las cinco (las siete). A ver si le compro una botella de whisky y unos puros para que se ponga al día.

Bueno, y con este sabor de boca, no os podéis perder uno de sus libros. Creo que es una obligación temporal.
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Libro: El Caso de los anónimos, de Agatha Christie

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Con las manos en la masa

Hay días en los que te sientes maruja y sólo quieres cocinar y cocinar.
Ayer fue uno de esos días, pero el tiempo material no acompañó y sólo pudo ser cocinar la comida, los Kuchen tuvieron que esperar para hoy.
Así que aquí estoy, en plena faena, con la batidora de varillas prestada (¡qué lujo!) y sintiéndome una pequeña Anniehall de la vida. Sin tanto mérito, claro, que el señor del Real ya ha hecho media mezcla por mí, jeje.
Aquí es típico llevar bizcochos al trabajo. Bueno, en general hacer bizcochos en Alemania es una fiebre. Por eso los españoles acabamos soliendo llamarlos a la alemana. Luego la mayoría de la gente los compra, o dice que los ha hecho su mujer en el caso de los ingenieros bávaros (dicen que en Berlín eso estaría mal visto...).
En mi caso no me importa hacerlos. Sé que se me da mal cocinar, o al menos mi despiste me impide que se me de bien, pero lo que cuenta es la intención. Así que para evitar problemas voy a hacer dos y el tercero se lo dejo enteramente al congelador del Edeka, que para algo los comercializan, no?
Creía que no me iba a hacer ilusión celebrar los 29, pero los últimos acontecimientos han hecho que reflexione y piense que por qué esperar a celebrar los 30 o los 40 como un hito, mejor disfrutar de cada vez, que para eso hemos llegado.
Besos a todos y gracias por las felicitaciones.

martes, 17 de septiembre de 2013

Zodiac

Para los amantes de las series de policías, la novela negra y el crimen en general esta película está entretenida, aunque se queda un poco larga al final.
Reconozco que cuando una película tiene tan buenas críticas al final la veo condicionada a que no me guste tanto. En este caso no entiendo mucho la alta puntuación, a parte de que el reparto esté lleno de tíos buenos, pero no creo que sea eso. No sé si es el estilo años 60 que ya ha llegado a ser vintage, o que esté basada el hechos reales.
Está bien, pero no es genial tampoco. Como es una historia real, pues pasan cosas como en la vida real. La investigación se alarga, a los personajes no siempre la vida les va bien. Un poco como en JFK, que al final no sabes si podrían haberla cortado a mitad y se hubiera quedado mejor, pero claro, el final ya se sabe porque existe.
A mí me ha gustado, pero mi criterio está un poco al nivel «oh, hace mucho que no leo Agatha Christie, voy a leerme diez libros seguidos», así que a lo mejor no cuenta.
Claro que también he conseguido seguir los personajes hasta el final, que parece que no siempre es tan fácil.
Una recomendación para una tarde de domingo con lluvia. O de lunes con lluvia, o de martes, porque visto lo visto.
Por cierto, hablando de releer...
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Zodiac (2007)

La vida en la maleta

Recordando los números del día. 8:16 -18 - 6 - 51. Hora, andén, vagón, plaza.
A veces hay retraso, bueno, casi siempre, y algunos de los números cambian. Entonces hay que recordar otros números, incluso letras. 15 - 14 - F. Minutos de retraso, nuevo andén, zona de segunda clase.
Cuando tus cosas de aseo viajan contigo siempre, cuando es en una bolsa transparente para el avión, cuando descubres que has pasado todo el verano con dos pantalones y cinco camisetas, y el resto de tu ropa por tanto en realidad sobra, es que viajas demasiado. O que no aceptas que ahora vives en otro sitio.
Hay quien está peor y viaja todos los días, o quien lo asume y viaja sólo cada dos semanas.
Esta semana debería ser la última en la que se necesite presencia al 100%. A partir de ahora igual toca por fin la vuelta a casa.
Teóricamente.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Todo por el trabajo

O todo por conseguir volver a casa antes.
Esta semana está siendo una matada. Por la paliza de horas que llevo encima, que llevamos, y por la parte personal.
No es sólo el entrar pronto y el no saber a qué hora te vas a ir, que eso hay mucha gente que le pasa. Es el dormir mal, a sobresaltos, y el tener la sensación de que da igual lo que adelantes, se acostumbrarán y querrán que abarques el doble en la mitad de tiempo.
Cuando los españoles decimos que aquí en Alemania la gente trabaja lento, deberíamos a pararnos a pensar el por qué. No es porque lo hagan mejor o cometan menos fallos, que no lo es. Sino porque no merece la pena. Te quedas sin trabajo y te dan más. Y ya está.
Bueno, en algunos casos no te dan más y te quieres tirar por un puente del aburrimiento. El internet se acaba, como dice un compañero, y las horas pasan lentas.
Pero bueno, esta vez no está siendo así. La gente no para de entrar a ver si he terminado cosas y es complicado siquiera empezarlas con tantas interrupciones.
Por suerte he tenido mucho tren. El tren me gusta mucho, todavía, aunque me canse y quiera matar un poco a los demás cuando no paran de hacer pausas para fumar o se ponen a testear lo que les sale de la punta del rabo.
Ay, cómo hecho de menos decir "la punta del rabo" y que me entiendan, y quedarme a gusto.
Algunos dicen que lo malo de que te pasen cosas malas estando lejos es estar solo en la distancia. No, eso no es lo malo, porque en el fondo, y aunque esté feo decirlo, ayuda a desconectar. Lo malo de estar lejos es cuando hablas con la gente que está cerca y no puedes hacer nada para estar con ellos.
Esta semana murió mi prima, después de ocho años de lucha. Me parece increíble todas las cosas que hizo y que disfrutó, a pesar de lo que le costaba. Los cruceros, las fiestas. Claro, lo que veíamos.
Siempre hay estadísticas que dicen que el cáncer se cura en un no sé cuántos por cien de los casos. Aquí por desgracia cayó en el otro.
A veces pienso que, cuando pasen los años y se descubra cómo funciona, miraremos atrás y pensaremos las barbaridades que hacíamos para combatirlo, como vemos las sangrías de la Edad Media.
Pero por ahora no nos queda más remedio que aprender a convivir con lo que nos toca. Aprender a valorar lo que tenemos y disfrutar cada momento como si fuera irrepetible, porque lo es.
Este trabajo y este espíritu aventurero lo que tiene, es no poder coger un coche y plantarte en ningún lado. Ni siquiera tal vez disfrutar de un fin de semana completo en algunos casos.
Luego se sorprenderán de que la gente no quiera venirse. No hay tanto verde para compensar las pequeñas cosas.
Un besico a todos, en especial a Manolo.
Que disfrutéis el fin de semana.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Cuando el fallo es humano


A veces ocurren accidentes. Sí, aunque se quieran evitar, a veces se alinean los planetas y no se sabe cómo al final hay un accidente. Y mortal en los peores casos, en los otros nos enteramos menos o nos importa menos, claro.
La cosa es que en ciertos medios de transporte, y a partir de ciertas velocidades, se intenta evitar a toda costa que influya el factor humano, sobre todo cuando las consecuencias pueden ser fácilmente de grandes dimensiones.
No digo que no sea grave que mueran 80 ó 200 personas a la vez, que lo es y mucho. Pero después del accidente de Spanair y del de ahora de AVE me pregunto, ¿y qué pasa en las carreteras?
Últimamente por suerte ya no hablamos de 3.000 muertos en carretera al año, pero proporcionalmente al número de viajeros, hay años en los que las estadísticas de muertos de avión y tren son cero al año. 
«¡Es que sólo había un maquinista en cabina!». Señores, un tren no tiene volante, el maquinista sólo tiene que acelerar y frenar, y cuando no se ahorra en trazado o señalización, ni siquiera eso debería poder ser peligroso. De hecho, el abrir y cerrar de puertas de algunas líneas se hace desde Atocha.
Luego está el hombre muerto. El botón, pedal y manivela que debe de pulsar y soltar en ciclos de 30 + 2,5 segundos. Será lo rudimentario que uno quiera, pero habiendo ya velocidad de crucero en los autobuses que transportan a 50 personas pues tampoco nos vamos a quejar. 
Cierto es que 30 segundos hasta el freno de emergencia a 200 km/h puede ser mucho si el infarto da con la mala suerte de que se quede pulsado, pero para eso hay otros sistemas en las líneas de Alta Velocidad que deberían funcionar.
Llamar por teléfono, o no llamar... bueno, ahora que veo a la gente mirando su móvil mientras conduce o tomándose una copita y tirando por aquel camino donde no hay controles pienso «ah claro, que si se mueren sólo 4 ó 5 es que da igual».

domingo, 28 de julio de 2013

El trabajo que nunca termina

Este mes está siendo un poco especial, esta semana con el accidente del tren de Santiago me han hecho muchas preguntas (también me las he hecho yo, pero de alguna forma la gente esperaba que supiera más cosas) y a partir del lunes seré la única "experta" de frenos que quede en mi proyecto en el equipo de validación.
No es algo que me tranquilice, pero un poquillo de orgullo sí que siento. Sobre todo por no tener miedo. Cuando empecé siempre tenía mucho miedo, a romper algo, a no saber cómo reaccionar. Ahora ya he (re)aprendido que los ensayos nunca salen bien, que las medidas llevan el hecho intrínseco de esperar y esperar, que los que mueven los trenes se lo toman todo con calma y que es posible perder un tren entero entre cuatro vías y una nave industrial.
Es un trabajo que me gusta, aunque nos torturen. Esta semana se suponía que la íbamos a poder pasar entera en casa haciendo trabajo de oficina, y al final nos vamos el martes muy temprano y por poco además de los turnos nos toca quedarnos el fin de semana. "Sábados y domingos" dijo el jefe jefazo. "Danos más gente como prometiste" me hubiera gustado decir a mí, pero por suerte ahora mismo no hace falta. Se cae por su propio peso. Si no son capaces de saber qué día vamos a empezar, no pueden ni empezar a hablar de festivos... por ahora.
Las vacaciones se retrasan, o se adelantan, ahora mismo están un poco en el aire. Algún día libre tendré y espero que para entonces vuelva a hacer sol. Tampoco tienen que ser días a 38 ºC como este fin de semana, que para pasar el calor español mejor que sea directamente en España.
Ya se verá. Como todo, pero mientras a disfrutar de la independencia de ser los únicos que prueban nuestro tren, aunque sea en mitad de la nada.